Antiguo cementerio visigodo del siglo VI. Se localiza en el suroeste del pueblo, en una ladera junto a la carretera que sale hacia Mochales; exactamente bajo el actual cementerio. Es decir, que a día de hoy no se aprecia nada de lo fue la necrópolis, a pesar de que ésta era más extensa que el cementerio. Tiempo atrás aún se podía ver un sarcófago de piedra aparcado en una esquina del cementerio.

El cementerio visigodo de Villel de Mesa

Fue el hallazgo de unos pendientes con granates lo que provocó el asombro de las personas que trabajaban en la obra de construcción del nuevo cementerio para el pueblo. Corría el mes de mayo de 1943 y el alcalde, que por aquel entonces era Manuel Colás, dio aviso a la Comisión de Arqueología. Se gestionó la petición y se organizó una campaña para intervenir en las obras del cementerio. Desde Madrid se desplazó un equipo de arqueólogos para proceder al reconocimiento del terreno.

El yacimiento se excavó bajo la dirección del comisario y catedrático de la Universidad de Madrid, Julio Martínez Santa-Olalla, estando el trabajo de campo a cargo de Ana María Elorrieta Lacy y María Victoria Martín Mendía, aventajadas alumnas de Santa-Olalla. Además se buscó a gente del pueblo para participar y trabajar en la excavación. Hecho que quedó reflejado en más de una fotografía.

Durante las dos semanas que duró el trabajo, se excavaron hasta un total de 78 sepulturas, que consistían mayoritariamente en simples fosas hechas en la roca, en las que levemente se podían distinguir la cabecera y los pies de la tumba. En estas fosas se depositaban los ataúdes, que eran de madera, fabricados con tablas y herrajes, o bien troncos vaciados. 

Ana María Elorrieta Lacy y María Victoria Martín Mendía en la excavación del cementerio visigodo de Villel de Mesa. Por cortesía de María Victoria y Ana María (2002)

Pero algo no muy corriente en las necrópolis visigodas aparece en este yacimiento: sarcófagos de caliza labrada. El interior de los sarcófagos tenía la forma del cuerpo humano e incluso dicha forma se percibía en el exterior, y las tapas que cerraban los sarcófagos eran de dos vertientes.

Las sepulturas se encontraban enterradas a muy diferentes profundidades, desde los 30 cm a los 2 metros. Respecto al tamaño, se podían diferenciar entre las que pertenecían a individuos adultos y las que habían sido para niños. Otro aspecto que llamó la atención de las arqueólogas fue la longitud de los huesos largos encontrados, que hacía pensar que los pobladores de esa zona fueran de una altura considerable.

Junto a las sepulturas, a veces, se encontraron ajuares y objetos de uso personal: hebillas, placas rectangulares de cinturón, fíbulas, brazaletes, collares, pulseras de cuentas de vidrio y ámbar, pendientes, anillos, alguna figurilla, “una curiosa campanita perfectamente hecha y espadas cortas de hierro” en palabras de las propias arqueólogas. La mayoría de las piezas fueron fabricadas en bronce.

De izquierda a derecha: (1) Sarcófago labrado en toba antropoide. (2) Fíbulas laminares de bronce, con palmetas y adornos no funcionales sobrepuestos. (3) Broche de cinturón de bronce fundido, y restos de pan de oro, con figura de león y cruz en su grupa, orlados por pámpanos y racimos; del yacimiento de Villel de Mesa. Cuadernos de Historia Primitiva (1947)

Una vez finalizadas las campañas, el trabajo fue documentado por Ana María Elorrieta Lacy y María Victoria Martín Mencía en los Cuadernos de Historia Primitiva en 1947 [168]. La tipología de yacimiento está en línea con la que se excavó en Herrera de Pisuerga (Palencia) y Guarrazar (Guadamur, Toledo). Aparte de la necrópolis, también aparecieron otras tumbas aisladas muy cercanas a ésta.

El destino de las piezas extraídas

Los restos se depositaron en la colección que Santa-Olalla tenía en el Instituto de Historia Primitiva, situado en el barrio madrileño de Fuente del Berro. A la muerte de éste, la colección fue adquirida por el Estado y alojada en el Museo Arqueológico Nacional. Las piezas que se extrajeron de la necrópolis de Villel de Mesa han estado almacenadas, junto a las de otros yacimientos excavados por Santa-Olalla, en los depósitos del Museo durante mucho tiempo.

Es en el año 2001 cuando se lleva a cabo una profunda restauración de estas piezas en el Instituto del Patrimonio Histórico; y posteriormente, en septiembre de 2002, se intentan clasificar e identificar cuáles pertenecen al yacimiento de Villel, ya que no se ha encontrado documentación clara del propio Santa-Olalla acerca de éstas. Para ello se pudo contar con la asistencia de María Victoria y Ana María, ya que casualmente coincidió con la entrevista que mantuve con las arqueólogas un par de meses antes; quienes, atentamente y con gran ilusión recordaron su gran aventura de estudiantes.

Los participantes de las excavaciones, entre ellos varios vecinos de Villel de Mesa. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: José García, Francisco Marota Vela, Afrodisio Costa, Bernardo Sáez Martín, Francisco Costa, Cipriano García, Luis Estrada, Germán Bayo Gutiérrez. Aurelio López López, Ana María Elorrieta Lacy, Manuel Colás, María Victoria Martín Rocha, Juan Pablo Tomás. Luciano Ochoa, Pedro Burgos, Cirilo Ochoa y Fernando Costa. Por cortesía de Ana María Elorrieta y María Victoria Martín (2002)
Los participantes de las excavaciones, entre ellos varios vecinos de Villel de Mesa. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: José García, Francisco Marota Vela, Afrodisio Costa, Bernardo Sáez Martín, Francisco Costa, Cipriano García, Luis Estrada, Germán Bayo Gutiérrez. Aurelio López López, Ana María Elorrieta Lacy, Manuel Colás, María Victoria Martín Mendía, Juan Pablo Tomás. Luciano Ochoa, Pedro Burgos, Cirilo Ochoa y Fernando Costa. Por cortesía de María Victoria y Ana María (2002)