Ana María Elorrieta Lacy

Ficha de registro

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Ana María Elorrieta Lacy

7 minutos

02/2025

Miguel López Gordo

Enlace persistente

Ana María Elorrieta Lacy

Ana María Elorrieta Lacy, junto a su compañera y amiga María Victoria Martín Mendiluce, llevaron a cabo los trabajos de campo de la excavación arqueológica que se ejecutó sobre la necrópolis visigoda de Villel de Mesa, en la primavera de 1944. En esa fecha aún eran estudiantes de primer curso de la especialidad en Historia de la licenciatura de Filosofía y Letras, pero ya despuntaban como alumnas aventajadas y con unas ganas de aprender que nunca perdieron. Compañeras de estudios desde el colegio, conservaron la amistad durante toda su vida.

Nació en Madrid el 21 de diciembre de 1922, hija de destacadas personalidades intelectuales del siglo XX. Su padre fue Tomás Elorrieta Artaza (1883-1949), intelectual reformista y miembro de la Institución Libre de Enseñanza, licenciado en Filosofía y Letras, licenciado en Derecho, catedrático de Universidad de Valencia y diputado. Su madre, Rosario Lacy Palacio (1891-1954), doctora en medicina y profesora de Fisiología e Higiene en la Escuela de Magisterio María Díaz-Jiménez y una de las primeras mujeres médico-ginecólogas y cirujanas españolas. Ana María fue la quinta de siete hermanos: Javier, Comandante del Ejército del Aire; María, traductora e intérprete de francés; Jaime (falleció al mes de nacer); José María, licenciado en Derecho y director de cine; Álvaro, licenciado en Derecho; y Tristán Elorrieta Lacy.

De niña sufrió una parálisis muscular que le afectó de forma grave a las piernas. Rosario Lacy (2017, pp. 199-200) cuenta en sus memorias cómo la niña empezó con los síntomas a las 24 horas de volver de unas vacaciones en la playa y tardó cinco meses en recuperarse para poder volver a andar y dos operaciones para recuperarse de la atroa causada.

Ana María estudió en el Instituto-Escuela, centro educativo que tomaba los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza, de la que su padre era miembro. Es en el Instituto-Escuela donde Ana María conoce a María Victoria Martín, quienes fueron compañeras de estudios también en la facultad y muy buenas amigas por el resto de sus vidas. Es en el curso 1941/1942 cuando comienza a cursar la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Central. Tras dos cursos comunes a las distintas especialidades en los que estudió los idiomas inglés y alemán, inicia la especialidad en Historia. En el primer curso de la especialidad en Historia (1943/1944) se matricula de las asignaturas correspondientes, a saber: Prehistoria y Arqueología, Historia Universal Antigua y Media, Historia de España Antigua y Media, Paleografía, Geografía, Numismática y Epigrafía y Bibliología. En segundo (1944/1945), cursa: Diplomática, Historia Universal Moderna y Contemporánea, Historia de España Moderna y Contemporánea, Historia de América, Historia del Arte, Historia de la Geografía e Historia Primitiva del Hombre, así como Historia de España Antigua. Una vez cursadas, a finales de año supera los ejercicios orales y prácticos que le otorgan el título de licenciada. Posteriormente continúa formándose en el Seminario de Historia Primitiva del Hombre y que dirigía ―Julio Martínez Santa-Olalla― de la Universidad Central durante el curso 1946/1947. También en la Facultad de Filosofía y Letras, estudia posteriormente en la sección de Pedagogía.

Con respecto a la arqueología, a parte de participar en la excavación arqueológica de Villel de Mesa, publicó varios artículos:

  • «Notas para el estudio de la escultura ibérica del Sudeste» en el II Congreso Arqueológico del Sudeste Español. Junto con María Victoria.
  • «El cementerio visigodo de Villel de Mesa» en los Cuadernos de Historia Primitiva del propio Seminario. Junto con María Victoria.
  • «El vestido y adorno en los íberos» publicado por la Universidad de Madrid (Citado en University of Chicago y Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research in Anthropology, 1955).

Profesionalmente, se dedicó a la docencia. Fue profesora de Lengua y Literatura en el Liceo Francés de Madrid, donde impartió clase a las hijas de María Victoria.

Falleció en Madrid el 8 de agosto de 2005.

La necrópolis de Villel de Mesa fue la excavación que les dejó mejor recuerdo, tanto a Ana María como a María Victoria, por diversos motivos. Seguramente fuera la primera campaña arqueológica a la que se enfrentaba; además, como recuerdan las hijas de María Victoria: «la experiencia vivida, la implicación del alcalde ―Manuel Colás― y de todo el pueblo en la excavación. Mamá decía que «estaba allí todo el pueblo entregado y nos trataban como a reinas»». Y también por la cantidad de material que apareció: «Mamá siempre decía que fue la única excavación donde encontraron algo. Había habido más excavaciones pero nunca encontraban nada. Lo pasaron muy bien, guardaban la excavación de Villel en su memoria con mucha ilusión, de siempre, y la hebilla visigoda». Todo ello hacía que siempre lo recordara y hablara de ello con mucha nostalgia. Estuvieron aproximadamente durante dos semanas alojadas en Villel de Mesa.

En el verano de 2002 pude reunirme con María Victoria y Ana María en casa de esta última. Ambas partes estábamos agradecidas, ellas por el interés que, muchos años después, estaba provocando su participación en la excavación arqueológica que con más cariño recordaban; y yo por estar con las arqueólogas que en 1944 excavaron el cementerio visigodo de Villel de Mesa. De esa reunión salieron las fotos de las excavaciones y algunos recuerdos y observaciones sobre los objetos que aparecieron: hebillas, placas rectangulares de cinturón, fíbulas, brazaletes, collares, pulseras de cuentas de vidrio y ámbar, pendientes, anillos, alguna figurilla, «una curiosa campanita perfectamente hecha y espadas cortas de hierro»; y sobre «la gran altura que debieron tener aquellos visigodos, pues la longitud de los huesos era considerable». A la vez estaba en contacto con Luis Balmaseda, Jefe de la Sección de Arqueología Paleocristiana y Visigoda del Dpto. de Antigüedades Medievales del Museo Arqueológico Nacional, para interesarme por las piezas del yacimiento de Villel de Mesa. Así el Museo contó con la presencia de las propias arqueólogas para el proceso de clasicación e identicación de las piezas. Unos momentos que les hizo revivir su aventura de estudiantes en el yacimiento del cementerio visigodo de Villel de Mesa.

Los sobrinos de Ana María coinciden al describir a la tía Any, como cariñosamente la llamaban: «Una mujer excepcional que heredó todas las cualidades de su madre: intelectual, liberal, trabajadora y sobre todo adelantada a su época, que supo transmitirnos el legado de su madre y siempre fue nuestra guía y «Refugio Pecatorum», como todos sus sobrinos la hemos vivido». (Elorrieta y Lacy, 2017, pp. 7 y 9) Este extracto pertenece a la introducción de Aire y Cenizas que contiene las memorias que la madre de Ana María dejó escritas y que precisamente Ana María conservaba en su casa. En 2017 son publicadas por Javier Elorrieta.